Buscó a tientas el pequeño despertador digital de números brillantes entre la nebulosa de trastos que decoraba su mesilla de noche y lo sumergió entre el caos de mantas y sábanas rosas antes de decidirse a mirarlo.
Eran las 91 horas y 90 minutos de la madrugada y no podía dormir. Se quedó un buen rato pensando, aún en su interminable duermevela, si era tarde o pronto o, como decían en aquella película, si ya era tan tarde que se había hecho temprano. Para salir de dudas, echó un vistazo al pedacito de cielo que sus cortinas no llegaban a esconder. No vio nada. Probablemente, dedujo, eso era indicio de que el Sol no había salido y, además, no tenía pensado hacerlo en un buen rato.
Estupendo, pensó. No era tan malo sufrir de insomnio, al fin y al cabo. Podría salir a la terraza, acurrucarse en la hamaca bajo su manta favorita y disfrutar de las Perseidas, la tan famosa "lluvia de estrellas" veraniega, hasta que el sueño se diese por vencido y le otorgase al fin su dulce abrazo. Aunque, tal vez, ya era algo tarde para tal actividad, se dijo. El momento óptimo para observar los destellantes meteoritos era entre las 2 y las 6 horas de las noches de agosto... y ya eran las 91 horas y 90 minutos de una madrugada de octubre...
¡Qué rápido pasa el tiempo!, pensó. Excepto, claro está, cuando uno quiere y no puede dormir...
Algo que adoro de Lady Gaga es su forma de entender la moda. Con esto no quiero decir que me encante su forma de vestir (aunque, trajes cárnicos aparte, en general no me disgusta en absoluto). Me refiero a ese principio suyo de ponerse lo que le gusta, lo que va con su personalidad, por muy estrafalario que pueda resultar (si la chica es extravagante, ¿qué queréis que se ponga?).
Creo que la moda puede ser un medio más para expresar exteriormente lo que interiormente somos. Por este motivo, animo a mi exageradamente enorme cantidad de fans a que os vistáis como realmente queráis, a que mezcléis cuadros y rayas, vestidos con zapatillas de deporte e, incluso, rojo con magenta, si eso es lo que os gusta. Nadie debería usar la moda para reprimirnos, ¿no?
Sobre estas líneas, la(s) protagonista(s) de United States of Tara nos demuestra(n) cómo un mismo cuerpo, utilizando la moda, puede expresar eficazmente cuatro personalidades totalmente distintas.
Estamos a un par de días de que la última Princesa Disney -hasta la fecha- llegue a las grandes pantallas españolas y en mi corazón ha empezado a formarse un torbellino de emociones que van desde la más pura emoción, la esperanza de ver auténtica magia Disney, hasta el pánico y el horror que me produce pensar en la posible decepción que me pueda llevar.
Tiana es una joven trabajadora que, un día como otro cualquiera, se topa a un Príncipe transformado en sapo (o en rana, no me ha quedado claro). Con la intención de romper el hechizo, Tiana da el beso de rigor en los verrugosos labios del príncipe sapo (o lisos, si es una rana, no me ha quedado claro); no obstante, el asunto no sale como esperaban, y la adorable joven termina ella misma convertida en una preciosa rana (o en un sapo, o en ogra como Fiona en Shrek... no me ha quedado claro).
Lo cierto es que poco más sé sobre este largometraje animado (léase "peli"), pero sé lo único que importa: que quiero verla. Os haré hoy una confesión, os revelaré un enorme secreto que nadie en el mundo sabe: soy un gran FAN de las Princesas Disney. Y es que las hay de todas las clases y colores de pelo, pero siempre tienen un misterioso encanto al que soy incapaz de resistirme. Si bien al principio no eran más que chicas algo tontas que soñaban con su príncipe azul (en algún momento también yo lo fui...), siempre han tenido sus propias y particulares locuras. Blancanieves allanaba moradas de tiernos ancianos bajitos, Cenicienta confeccionaba vestidos para ratones y Aurora... en fin, Aurora:
Con el tiempo fueron haciéndose más fuertes, intrépidas e incluso extrañas. Una era una sirena que coleccionaba objetos exóticos y soñaba con ir a otros mundos; otra era una bella aldeana incomprendida por sus vecinos, capaz de leer sin parar durante horas y horas y lo suficientemente valiente para ofrecerse como prisionera de una bestia para salvar a su padre; otra era Jasmine, una inconformista que se escapaba disfrazada cuando se aburría de la vida en su palacio. Las últimas ya poco tienen que ver con aquella personalidad más bien débil de las primeras. Pocahontas era un espíritu libre, una amante de la naturaleza que pintaba con los colores del viento y cantaba con la voz de las montañas. Mulan era un travesti guerrero:
¿Cómo será la pequeña Tiana? En algunos países ya lo saben (y muchos españoles probablemente también), pero yo espero averiguarlo este viernes... en los mejores cines.